Para: Daniel Martín

De: Salvador Monsalud

Asunto: Polarización genética

Enviado: 11 de marzo de 2056

Recibido: 11 de marzo de 2026

Querido Daniel:

El otro día recordaba junto a un ex catedrático de la extinta asignatura de Historia de las ideas ─desaparecida, supongo, por obsolescencia─ la guerra que enfrentó a Irán con Estados Unidos e Israel allá en 2026, año en que usted recibe mis correos. Fue otra de esas maniobras que llevaron a cabo unos dirigentes locos contra otros igual o más locos, en lo que poco después devino en la sustitución en los gobiernos de la Estupidez Natural (EN) por la Inteligencia Artificial (IA).

Recuerdo que en España, donde gobernaba un Ser Amoral, Radical y Estulto (SARE), de nuevo se jugó a la suma contradicción cuando, al son del grito «No a la guerra», se envió una fragata a defender una base británica de Chipre que, si no recuerdo mal, estaba entonces dividida en dos zonas, una grecochipriota, y legítima, y otra turca, ajena a cualquier norma de la legislación internacional o sentido común.

Tras este conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel, la primera decisión fue la de dejar de numerar o denominar las guerras que afectaban a la región, pues se había perdido la cuenta y los gerifaltes no andaban sobrados de vocabulario como para encontrar nuevos adjetivos con los que calificar las nuevas contiendas, mucho menos en Próximo Oriente (PO), que pronto, hacia 2030, pasó a llamarse Siguiente Oriente (SO) por culpa de uno de esos periodistas empeñados en usar sinónimos a costa de la precisión idiomática.  

Ni mi colega ni yo recordamos muy bien cómo terminó aquel conflicto, si es que ha terminado… aunque fue otro punto más de la imparable escalada hacia la terrible conflagración que hoy llamamos Última Guerra Mundial (UGM), de nuevo más por la impericia idiomática de estos tiempos que por los buenos deseos de la peña. Como puede usted suponer, aún hay conflictos sin parar en Siguiente Oriente, perdón, Próximo, que algunos no muy cultivados comenzaron a llamar Oriente del Medio, porque no se atrevieron a decir de Arriba y de Abajo.

No me detendré a comentar los detalles geopolíticos de la zona, por complejos, por repetidos, por miedo a que se me tilde de esto o de lo otro. En cualquier caso, allí todos siguen muy cabreados con todo y con todos… sin considerar que esas divinidades a las que dicen adorar suelen apostar más por la paz que por el enfrentamiento, pero, ¿quién soy yo, agnóstico practicante, para decirle a nadie lo que debe hacer?

Sí que me atrevo a comentarle que, allá por el año 2036, en la zona se decidió instaurar un tregua anual al modo de los Juegos Olímpicos para que durante dos meses se pudiera peregrinar a los muchos y variados santos lugares de la zona, además de aprovechar el parón para transportar combustibles fósiles, porque en 2056 aún dependemos de ellos… aún más tras la Gran Crisis del Vehículo Eléctrico (GCVE), cuando los coches con batería comenzaron a electrocutar a conductores que vestían jerséis de lana ─a este respecto, los de cachemir eran los más peligrosos─.

No le quiero aburrir más. Mucho ánimo, que no sabe lo mucho que le queda aún de año 2026, de década, de siglo…

Salvador Monsalud

Imagen creada con Gemini

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