Irrealidad cotidiana

por | Abr 13, 2026 | Meditaciones marxianas | 0 Comentarios

Para: Daniel Martín

De: Salvador Monsalud

Asunto: Consejo de un buen amigo

Enviado: 13 de abril de 2056

Recibido: 13 de abril de 2026

Querido Daniel:

Siento de veras no ser más constante en mis cartas, pero es que la vida, como acostumbra, se empeña en ir poniendo piedras en el camino. Esta vez no ha sido culpa de la salud, sino que he estado tremendamente entretenido con los asuntos del mundo que, sin poder concretar, de ninguna manera son menos aburridos que los de su época.

Aunque hayan pasado 30 años, las cosas siguen pareciéndose a una mala película con influencias de Berlanga y dirigida por un descendiente borracho de Groucho Marx. Si no me equivoco, recuerdo que justo en su momento histórico tuvo lugar el juicio a José Luis Ábalos y aquella caterva de personajes de nada dudosa moralidad. Cada día que pasaba, imposible olvidarlo, se añadía algún elemento entre la astracanada y el esperpento al ya de por sí absurdo español, muy en consonancia con lo que pasaba en el planeta Tierra, por aquel entonces comandado por los tres chiflados −no escribo sus nombres por si quiere usted viajar a Estados Unidos−.

Desde entonces, y aunque se han producido severísimos cambios en la estructura de naciones y gobiernos, aunque haya habido algunas tremebundas desgracias como la Última Guerra Mundial (UGM), la calidad de los gerifaltes y mandamases se ha mantenido en su pésima cualidad, si es que no ha empeorado −desdiciendo así su cualidad de pésimo−.

Fue durante el juicio de Ábalos cuando decidí convertir en costumbre la sensación de irrealidad que me había invadido el verano anterior: en lugar de indignarme ante la realidad real de los noticiarios, comencé a observarlos como si se tratara de una película, de una nadería más de la realidad virtual.

Dicha decisión, tan criticable, me ha ayudado a sobrevivir 30 años más asistiendo al espectáculo globalizado de la estupidez/locura humana en la que los «morósofos» se han hecho dueños del cotarro.

Así, en línea con el mail anterior, más que una reflexión sobre su época y la mía, este mail tan solo contiene un consejo del que ya se considera su buen amigo.  

Fuerte abrazo y mucho ánimo,

Salvador Monsalud

0 comentarios