Carta desde el futuro: el multilingüismo

por | Ene 29, 2026 | Creación literaria, Meditaciones marxianas | 0 Comentarios

Para: Daniel Martín

De: Salvador Monsalud

Asunto: El multilingüismo

Enviado: 29 enero de 2056

Recibido: 29 de enero de 2026

Estimado Daniel:

Ahora que hemos encontrado la manera de viajar al pasado, aunque sea a través del correo electrónico, siento el prurito de escribirle para contrastar mis recuerdos de su época con las realidades de la mía, más por hacer algo que ocupe mis muchas horas libres que con intención de prevenirle ni/o aleccionarle.

Allá en 2026 vivía en Madrid y trabajaba como profesor emérito de la Universidad Complutense. Recuerdo cómo dos partidos independentistas −uno, ERC; el otro, vaya usted a saber cómo se llamaba justo en aquel momento−, en sus negociaciones para apoyar al gobierno de turno -ahora mismo no me acuerdo de qué color-, insistían en que la Unión Europea designase el catalán como lengua oficial. No solo eso, sino que se pretendía la misma calificación para el gallego y el euskera.

Entonces, aún con un mínimo de criterio, muchos países europeos se negaron a elevar la categoría de las lenguas cooficiales de España, y eso a pesar de que ya lo era el gaélico/irlandés cuando, en 2016, solo el 1.7% de los irlandeses lo hablaba diariamente mientras se estimaba que solo el 10% de la población podía entenderlo o hablarlo con fluidez.

El razonamiento imperante era que las lenguas debían servir como puente comunicativo en lugar de como barrera idiomática. Por eso, aunque el Reino Unido se había pegado un tiro en el pie con el Brexit, el inglés continuaba siendo lengua oficial de la UE, pues era la lengua franca con la que todo el planeta podía entenderse gracias a la implantación global de Internet en sus más variopintas aplicaciones.

En relación con este galimatías me viene ahora a la cabeza que justo en esa misma época el Gobierno del principado de Asturias quería implantar la enseñanza del asturiano −presuntamente, una lengua− en la educación infantil y en la Escuela Oficial de Idiomas. Si busca usted en la web, encontrará la noticia que se hizo pública durante la XXIX Fiesta de la Oficialidá de la Llingua Asturiana, nombre propio que muestra el absurdo al que, mal que bien, intento referirme.

Hoy en día, año 2056, no sé si por influencia o no del bable, estamos obligados a usar un lenguaje inclusivo que incluye, valga la redundancia, el uso de cuatro géneros: todos, todas, todes y todus.

Aunque eso es lo de menos. En la década de los 30 el catalán, el vasco y el gallego por fin fueron declaradas lenguas oficiales de la Unión Europea. A continuación, otros idiomas del subcontinente, como el corso, el sardo, el shetlandic o el inglés de Benidorm. Enseguida, en España, siempre a la vanguardia de los derechos vanilocuentes, surgió con furor la fiebre de oficializar un sinfín de dialectos reconvertidos en lenguas, como el aranés, el panocho, el placentino o las fablas aragonesas.

Supongo que a usted lo que le cuento o no le importará en demasía o le asombrará poderosamente. En cualquier caso, ha de saber usted que los gobernantes de mi época, tan poco aptos como los de la suya, están contentísimos de que con tantas lenguas sea complejísimo entenderse entre ciudadanos, agrupaciones o corporaciones. Cada loco con su tema… incluidos los prebostes… y así prebendas y sinecuras perfectamente aseguradas. No se han prohibido los derechos de reunión y asociación, pero en este mundo babélico se han imposibilitado de facto.

Si lo piensa usted bien, en este año 2056 desde el que le escribo hay bonísima explicación de por qué no conseguimos ponernos de acuerdo: la algarabía resultante de la multiplicación de idiomas. En 2026, cuando presuntamente se hablaba la misma lengua, era más difícil encontrar una interpretación mínimamente racional.  

Salvador Monsalud

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