Para: Daniel Martín
De: Salvador Monsalud
Asunto: Puentes y Trenes
Enviado: 4 de febrero de 2056
Recibido: 4 de febrero de 2026
Estimado Daniel:
Me vuelvo a dirigir a usted entre nostálgico y perplejo al releer la vieja noticia de que un ministro del Gobierno de España acudió a finales de enero de 2026 al Senado de la Nación, a la sazón dominado por la oposición, a dar explicaciones sobre aquel trágico accidente de Adamuz, que no fue ni el primero ni el último que afectó a la Alta Velocidad Española que, si no recuerdo mal, estaba sobredimensionada ─en especial en un país del tamaño de la extinta España─ e inframantenida, valga el palabro.
Recuerdo a aquel ministro en concreto, hijo de su época, alguien más pendiente de insultar desde las redes sociales y de pelotear desde el suelo a su líder que de gestionar los recursos sujetos a su responsabilidad. Es decir, un irresponsable lenguaraz y faltón que, sin embargo, recibía los aplausos de los suyos, en esto tan fieles a las siglas como los de ahora, año 2056.
La gran mejora que se ha implementado en los nuevos tiempos es que, si bien los políticos siguen mangoneando y dividiendo desde sus tribunas, la gestión y la acometida de los distintos proyectos, y su planificación, ha quedado en manos de distintas herramientas de BIA ─Bienvenida Inteligencia Artificial─.
De este modo, la gente piensa, como entonces, que vive en una democracia, y se puede enfangar, engolfar y regodear en estas estériles y falsas disputas políticas, lo que el pueblo agradece especialmente las dos semanas anuales de parón futbolístico.
Lo que no ha mejorado de ninguna de las maneras en esta época a la que he llegado es lo de los trenes. Como el mantenimiento de las vías de alta velocidad era tan caro, y había tantas partidas presupuestarias para pagar pensiones, funcionarios, prebendas, sinecuras y sectarismos, a partir de 2030 se creó la AVV ─Alta Velocidad Virtual─ que consistía en vender las altas velocidades pero viajar al mismo ritmo que a principios de siglo XX.
Así, mientras uno va en el tren, los efectos sonoros y visuales ─por las ventanas se retransmiten imágenes creadas por ordenador─ pretenden dar la sensación de velocidad, lo que queda desmentido cuando llegas a destino y ver las muchas horas transcurridas.
Pero la gente no parece darse por enterada. Como hoy la prisa se considera privilegio de las clases altas, y todo el mundo quiere pasar por humilde, pues todos parecen conformes con los horarios de llegada, a menudo afectados por severísimos retrasos.
Así, ahora en lugar de AVE tenemos parsimonioso pajarito, al que algunos, medio en broma, llaman BVU ─Baja “Velocidad” Unional─, aunque ya digo que en la mayoría de los viajes lo de velocidad debería ir entrecomillado.
Lo que sigue igual es el pésimo estado de las estaciones, que por algún extraño fenómeno parapsicológico, siguen atrayendo a menesterosos y orates de todo tipo y condición.
Dejo para otra ocasión explicar cómo las Grandes Turbulencias Imprevisibles (GTI), físicas y metafóricas, de los años 30, convirtieron al tren en el principal medio de transporte.
Reciba un cordial saludo del siempre suyo,
Salvador Monsalud
Imagen creada con Gemini


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