Para: Daniel Martín
De: Salvador Monsalud
Asunto: IA
Enviado: 4 de marzo de 2056
Recibido: 4 de marzo de 2026
Estimado Daniel:
Sé que llevo algunos días sin escribirle, pero en el centro de Reeducación de Vejestorios (CRV) en el que me encuentro encerrado nos han sometido a unas campañas de recogimiento y encuentros que consisten en siete días dedicados a rezar el Rosario en el medio centenar de las lenguas oficiales de la UENA. Es tarea agotadora y laminadora, que diría mi viejo y admirado amigo don Pío Baroja.
Durante estos demoledores ejercicios nada espirituales no he dejado de acordarme del principio del síndrome de IA que, en sentido médico, ahora significa Idiotas Anónimos. La IA se popularizó en la década de los 20, en su época, tras el lanzamiento del dichoso ChatGPT, que pronto se convirtió en creador impenitente de GiliPollasTraumados. Esta herramienta, más Artificial que Inteligente, fue otra de las razones por las que decidí abandonar la enseñanza.
La llegada de estos chatbots, en educación, supuso una aceleración de la progresiva idiotización del alumnado, que se entregó a la nueva aplicación de manera plena y dedicada… de tal modo que, para afrontar cualquier tarea, pedían ayuda a su nuevo mejor amigo, cortaban y pegaban… y a otra cosa, mariposa. Y el asunto coincidió con unos planes educativos que primaban la realización de trabajos y proyectos sobre el aprendizaje y procesamiento de contenidos.
La IA se utilizó como inteligencia sustitutiva… incluso en tareas tan personales como realizar resúmenes, esquemas y apuntes. Los estudiantes no eran capaces de entender que si hacían eso no aprendían nada… lo que podría resultar fatal en los exámenes… Pero como luego aprobaba todo el mundo… Llegó el día en que se sacaban bonísimas notas sin la necesidad de haber almacenado ni/o asimilado nada… incluso después de haber perdido sustancial habilidad lectora.
No tengo ninguna duda sobre que las IAs potenciaron el proceso de decadencia que nos ha arrastrado hasta mi época. En cine se jugaba con la espectacular idea de que la rebelión de las máquinas nos llegaría en su versión Skynet, pero la realidad ha sido infinitamente más prosaica: hoy en día se usa Inteligencia Artificial en prácticamente cualquier actividad… mientras la gente, como bien predijo el filme Idiocracia de 2006, cada vez posee un coeficiente intelectual más bajo.
Por eso, tras el Gran Apagón de 2032, se decidió que la mitad del currículo escolar correspondería al uso de programas varios de Inteligencia Artificial, nunca a la reflexión sobre su conveniencia o los numerosos dilemas éticos que plantea su existencia y aplicación. En clase, junto al principio inamovible QNAN −Que Nadie Aprenda Nada− lo esencial es que el chaval deje que sea la máquina quien se lo haga todo.
De esta manera, mientras las calificaciones medias del alumnado mejoran de forma imparable, el intelecto promedio va descendiendo… pero, por lo menos en apariencia −que es el principal valor ético(?) de esta época mía−, aumenta la Felicidad Interior Bruta (FIB) de manera paralela a la Obediencia más Sumisa que Ciega (OmSqC).
No solo eso, sino que la IA ha alcanzado condición cuasi-divina desde el momento que es ubicua y, para algunos, omnipotente. Hoy en día, los programas de Inteligencia Artificial son los que realmente gobiernan y gestionan −mientras, los políticos, descendientes directísimos de los de su época, funcionan a modo de Fantoches−, los asuntos públicos y privados, los que urden el complejo entramado de alimentar y entretener al pueblo, hoy denominado Enésimo Sector y que es la principal actividad socioeconómica del Estado/Unión.
Es decir, cada vez hay más IA, y mucha menos IH −Inteligencia Humana−… y, quizás nada sorprendentemente, nadie parece especialmente descontento… la boca abierta, la mirada bovina, el cerebro a medio hacer.
Reciba un cordial saludo,
Salvador Monsalud
P.S.: Hace un lustro más o menos, un profesor de la Universidad Catalana de Madrid (UCM) quiso realizar un estudio de cómo la IA había propagado medias verdades durante decenios, pues no sometía las afirmaciones internáuticas −su principal medio de alimentación− a ningún ejercicio crítico. Pero el estudio no pasó de ser un simple sueño, pues todas las IA, y los semi-humanos, decidieron que suponía una pérdida de tiempo y demás recursos escasos.


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